jueves, 26 de febrero de 2015

Problemas de conducta asociados al dolor en perro

Hola a todos/as!
Inauguro mi actividad en el blog! :P  Mi objetivo es compartir la información que he ido acumulando hace ya un tiempo atrás, con aquellos compañeros/as que como yo, sienten pasión por la etología y las teorías de aprendizaje. Lo hago con un pequeño texto de Tomás Camps para el XI Congreso de Especialidades Veterinarias, en Marzo del 2012.
Una pequeña aportación para ir abriendo el apetito. Que lo disfrutéis!!
Pep Rusiñol.
Problemas de conducta asociados al dolor en perro

Tomás Camps*, DVM, MSc, Dip. ECVBM-CA, Marta Amat, DVM, MSc, PhD, Dip. ECVBM-CA,
Susana Le Brech, DVM, MSc, Deborah Temple, DVM, MSc, Xavier Manteca, DVM, MSc, PhD,
Dip. ECVBM-CA.

Facultat de Veterinària de la Universitat Autònoma de Barcelona

Está ampliamente aceptado que los problemas de comportamiento pueden estar causados o empeorados por problemas de origen “médico” u “orgánico” (Overall, 2003, Bowen and Heath, 2005, Beaver, 2009). En ocasiones la relación entre la patología médica y el problema de conducta es muy obvia, sin embargo en otras ocasiones constituyen en verdadero reto diagnóstico (Heath, 2007). Aunque los problemas de origen médico no sean siempre prioritarios en el diagnóstico diferencial, deberían incluirse siempre, especialmente cuando el problema de comportamiento ha aparecido de forma súbita o la respuesta al tratamiento
conductual no es favorable.

Los problemas de conducta originados o empeorados por un problema médico son frecuentes. Por ejemplo, en un estudio realizado en el Servicio de Etología del Hospital Veterinario de la Universidad de Pensilvania, se observó que más del 50 % de los casos visitados por un problema de conducta presentaba alguna complicación médica subyacente que necesitaba tratamiento, que requerían medicación para el problema de comportamiento, o ambas situaciones (Overall, 1997).

Se han descrito muchas patologías como posibles causas de alteraciones del comportamiento. Hay muy pocos estudios epidemiológicos al respecto, pero según la experiencia clínica del autor, entre las alteraciones más frecuentes encontramos las patologías que cursan con dolor, las alteraciones endocrinas (el hipotiroidismo y el hiperadrenocorticismo son las más representativas en perros), las alteraciones hepáticas (principalmente el shunt portosistémico), alteraciones neurológicas (especialmente, pero no exclusivamente, las que tienen una localización intracraneal), alteraciones dermatológicas (especialmente las que cursan con prurito) y las patologías del sistema urinario.

El dolor, especialmente el de curso crónico, tiene especial relevancia en los problemas de conducta. Los signos clínicos más frecuentes de dolor en los animales son los cambios de comportamiento y se clasifican en dos grandes grupos (Hellyer et al., 2007):

  1. Perdida de comportamientos normales: por ejemplo, la disminución o ausencia de la actividad, disminución o ausencia de la conducta de alimentación, letargia, etc.
  2. Aparición de conductas anormales: Los más frecuentes son las conductas agresivas, miedos y fobias, conductas de eliminación inapropiada, vocalizaciones, alteraciones en las interacciones con el/los propietarios o con otras mascotas de la casa o ajenas, expresión facial alterada, postura alterada (parada o en marcha), conductas repetitivas y/o excitación.

Además también se observan otros signos como:

  1. Reacciones al tacto: Aumento de la tensión o rigidez corporal en respuesta a la manipulación suave de las zonas dolorosas.
  2. Alteraciones de parámetros fisiológicos: El dolor induce una respuesta de estrés en el organismo (Mellor et al., 2000). La mayoría de las alteraciones fisiológicas serán el reflejo de esta respuesta de estrés. Los cambios más frecuentes son el incremento de la de la frecuencia cardíaca, respiratoria, de la temperatura corporal y de la presión sanguínea, además de la dilatación pupilar.

Teniendo en cuenta lo comentado hasta ahora, el dolor es siempre una necesidad de tratamiento ya que:

  1. Puede generar o empeorar problemas de comportamiento que suponen un peligro para las personas (agresividad) o causen una alteración de la convivencia con las personas (p.e. vocalizaciones, alteraciones en la interacción con el propietario o con otros animales y eliminaciones inadecuadas).
  2. Puede producir problemas de comportamiento que sean perjudiciales para el animal (p.e. miedos y fobias, conductas repetitivas y, en general, otras conductas relacionadas con la respuesta de estrés que se genera).

Como consecuencia de los problemas de conducta asociados con dolor, pueden verse alterados tanto el bienestar de las personas como del propio animal o, incluso, acabar con el abandono o la eutanasia.

En conclusión:
  1. Los problemas de conducta pueden deberse a problemas de origen médico.
  2. Entre éstos, el dolor representa uno de los principales problemas.
  3. Siempre se debe llevar a cabo un examen médico del animal que descarte problemas orgánicos y, en especial, patologías que cursen con dolor.
  4. Los signos más frecuentes del dolor son los cambios de comportamiento. Entre los que se encuentran conductas que pueden ser perjudiciales para las personas o el propio animal.
  5. El tratamiento es, por tanto, una necesidad.

Bibliografía:
Beaver BV. Introduction to canine behavior. In: Canine behavior: insights and answers.
Saunders Elsevier. (2nd ed). 2009; 1: 1-47.
Bowen J and Heath S. Providen a practical behavioural service. In: Behaviour problems in small
animal. Practical advice for the veterinary team. Elsevier Saunders, Philadelphia. 2005; 1: 3-14.
Heath SE. The challenge of medical differentials. In Landsberg G, Mattiello S, Mills D (eds):
Proceedings of the 6th International Veterinary Behavior Meeting & European College of
Veterinary Behavioural Medicine – Companion Animals European Society of Veterinary Clinical
Ethology. Brescia, Italy: Fondazione Iniziative Zooprofilattiche e Zootechinche. 2007; 87.
Hellyer P, Rodan I, Brunt J, Downing R, Hagedorn JE, Robertson SA. AAHA/AAFP Pain
Management guidelines for dogs & cats. J Am Anim Hosp Assoc. 2007. 43: 235-248.
Mellor DJ, Cook CJ, Stafford KJ. Quantifying some responses to Pain as a Stressor. In: Moberg,
G.P., Mench, J.A. (ed). The Biology of animal Stress. Basic Principles and Implications for
Animal Welfare. CABI Publishing, USA. 2000. 171-198.
Overall K. Veterinary importance of clinical behavioral medicine. In: Clinical Behavioral Medicine
for Small Animals. Mosby-Year Book, St. Louis. 1997; 1-4.
Overall K. Medical differentials with potential behavioral manifestations. Vet Clin Small Anim
2003; 33: 213-229.


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